Hace pocos días, miles de personas protestaron en las calles de Varsovia, la capital de Polonia, contra un proyecto sobre el aborto. Luego, cientos de manifestantes reclamaron en Michigan contra las órdenes de confinamiento por el coronavirus. Y este fin de semana hubo una fiesta electrónica en Alemania. ¿Dónde está la sorpresa? En que en los 3 casos, cada uno estaba dentro de un auto para mantener el distanciamiento social. Ahora, la cosa cambia, ¿no?

Ante la prohibición de reunirse en las calles, las personas salieron a protestar a bordo de sus vehículos. Mostraron pancartas, tocaron la bocina e incluso bloquearon de a ratos algunas de las principales rotondas del centro de Varsovia.

Algo similar sucedió en la caravana en la ciudad de Estados Unidos. En el país germano, además de la rave, hay propuestas de autocine, como en los viejos tiempos. En la Argentina, también avanza esta añorada práctica. 

Todavía es prematuro saber hasta dónde cambiarán nuestros hábitos ni cuánto tiempo se mantendrán. Es decir, si se trata de nuevos paradigmas o no. La nueva normalidad, como le llaman. Lo que sí está claro es que, por ahora, estamos viviendo una serie de transformaciones impensadas hasta hace dos meses.

Dar la mano, acercarse mucho a otra persona, concurrir a un encuentro masivo como un recital, un cine o un congreso eran cosas cotidianas. Estigmatizar el uso del auto, también. Hasta ahora.

¿Auto vs. transporte público? 

En parte, eso explicaría porqué aumentó tanto el caudal de tránsito en los últimos días en Buenos Aires. Este lunes 4, el nivel de circulación fue del 80% comparado con otro tradicional. Más allá de que no todos tienen la posibilidad de usar un auto, es cierto que con el estacionamiento libre, los peajes sin barrera y los costos fijos de patente y seguro siguiendo aún con el vehículo parado, muchos optaron por “autopreservarse” y utilizarlo.

Es sabido que en ciudades europeas no solo se fomentaba el transporte público (con un sistema de calidad, claro) sino que se penalizaba a aquellos automovilistas que viajaban solos. ¿Podría esto cambiar? Tampoco lo sabemos. Pero sí una cosa: lo que era hasta hace poco considerado egoísta y poco solidario, podría ser exactamente lo contrario.

Porque el aislamiento lógico que da un auto podría ser la cápsula ideal de preservación de ese distanciamiento tan mencionado últimamente. Y otra vez, el auto, ese objeto tan cuestionado y estigmatizado, podría dejar de ser visto como una conducta individualista para pasar a ser una conducta responsable. Aunque sea mientras dure la pandemia.

Federico Smith

Por Federico Smith

Periodista y Locutor, desde 1997 pasé por diversos medios gráficos y audiovisuales. Actualmente, hablo del sector automotor en Radio 10, Radio Del Plata y Motorweb. Soy porteño y un apasionado de los autos en general pero aún más de los clásicos.

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