Mercedes SL: 30 Aniversario de un icono

Hace 30 años se presentaba en el salón de Ginebra la generación R129 del Mercedes Benz SL con la difícil tarea de reemplazar al instaladísimo R107 luego de 18 años en producción. Con innovaciones en seguridad, confort, diseño y aerodinámica esta generación de los ´90 superó las expectativas y se convirtió en un símbolo de su época.

Si bien la saga SL de Mercedes Benz comenzó en los años 50 con un vehículo radical pensado para las pistas, con la llegada de su modelo “de calle” la filosofía SL se fue convirtiendo en una armonización de características aparentemente incompatibles. Para ser más claros, la deportividad y la gran tenida en curvas no suelen ir de la mano con el confort así como la potencia de sobra no suele ser compatible con la confiabilidad y hasta suele ser demandante con el conductor.

Mercedes Benz rompió con este prejuicio resolviendo magistralmente el compromiso entre todas las virtudes sin poner al usuario en la difícil tarea de elegir entre una cosa u otra. El “Pagoda” de la década del 60 diseñado por Paul Braq, generó polémica por ofrecer aire acondicionado, dirección asistida y caja automática. Los puristas se agarraban la cabeza y criticaban duramente la decisión de ofrecer confort en un auto sport, sin embargo esa configuración era la más requerida por los usuarios.

Fácticamente SL significa Sport Leicht o deportivo ligero, pero con el correr de los años esa sigla comenzó a significar mucho más. Tener un SL en el siglo XX era sinónimo de éxito, sofisticación y refinamiento. Las estrellas de Hollywood lo elegían, los grandes personajes tenían uno y no dudaban en ser fotografiados junto a su SL. En 1971 se presentó el R107, modelo que por primera vez incorporaba mecánicas V8. Esto gustó mucho en los Estados Unidos y acompañado de transmisiones automáticas significó el mayor éxito del modelo hasta ese momento, producido por nada menos que 18 años desde 1971 hasta 1989. Marcó la estética de los años ´80 y era tal lo acertado de su diseño que a la compañía se le dificultaba reemplazarlo. 

Protagonista de series exitosas de TV y películas de cine hacían que este modelo estuviera cada vez más instaurado en el gusto de la gente.  La robustez y la merecida excelente fama de la que gozaba la marca hacían que este modelo fuera una indiscutiblemente buena decisión de compra. Este suceso en las ventas hizo que la marca tuviera más tiempo pero no menos presión para desarrollar su sucesor. Reemplazar a un éxito tan rotundo es todo un desafío pero el tiempo le estaba jugando en contra al buque insignia de la marca. Se acercaban lo años ´90 y ya se pensaba en “el futuro”, en el siglo XXI. Los cromados estaban pasando de moda, las aristas y los parabrisas verticales ya no eran tan atractivos y Mercedes Benz quería ingresar a la década del ´90 marcando el camino como lo había venido haciendo en las décadas anteriores.

Aceptando el desafío

En la primera mitad de los años ´80 el equipo de diseño comandado por Bruno Sacco se pone manos a la obra. Hay que reemplazar al SL más exitoso que es nada menos que la cara de la compañía.

Técnicamente hay un nuevo modelo con suficientes innovaciones como para aportar su tecnología de base. La nueva clase E W124 está lista para ser lanzada al mercado y dará grandes aportes al nuevo SL llamado internamente R129. La marca alemana toma la decisión de ir más allá y presentar un modelo más acorde a los años 2000 que a los 90 sin caer en una caricatura futurista ni perder la elegante y tradicional  identidad. Desaparecen los cromados, los paragolpes están embutidos y los vidrios rasantes. La aerodinámica toma el protagonismo y el confort interior está más cerca de la clase S (el W140 sería lanzado 2 años después) que del clase E que donó parte de su técnica.

El W124 había sido desarrollado durante casi una década y a estos estudios se sumaron nada menos que seis millones de kilómetros de pruebas sobre el R129 en distintas partes del mundo en las más diversas situaciones, esto despejaría cualquier duda en cuanto a confiabilidad y serviría para seguir desarrollando innovaciones que serían lanzadas con este nuevo modelo.

No hay precedentes de otro roadster tan estudiado y con semejante desarrollo de ingeniería. Tan es así que se alistó una planta especial para producción del SL, separada del resto de los modelos de la marca, con la mano de obra más capacitada de la empresa y una cantidad importante de automatización para la época.

El lanzamiento fue un abrumador éxito y llovían los pedidos generando un importante tiempo de espera para obtener uno. Impactó en el Salón De Ginebra siendo un auto totalmente nuevo que sin tomar elementos de diseño del pasado, no defraudaba a las proporciones de un genuino SL logrando subir aun más la alta vara de su antecesor, valiéndole el premio 1990 “Car Design Awards”.

El R129 fue aun más allá, no solo ofreciendo adelantos de confort sino siendo ejemplar y difícil de igualar en su segmento respecto a la seguridad. ABS de serie, doble air bag, control de tracción ASD, control de estabilidad ASR, cinturones de seguridad con pretensores incorporados a las butacas con estructura de Magnesio, carrocería con más del 40% extra de rigidez respecto de su antecesor y con estudio de deformación programada tanto frontal, lateral, trasera y solapada. Pero había aun un punto débil de los roadster, el vuelco. Para esto desarrollaron una barra antivuelco que no interfiere estáticamente y que sólo haría su aparición en caso de ser necesaria en 0,3 segundos.

La ergonomía era propia de la clase S (la más lujosa de la marca) que se lanzaría dos años después, con comandos bien ubicados y de clara lectura, con iluminación ambar que había sido estudiada para no cansar la vista. La posición de manejo contaba con múltiples regulaciones eléctricas que incluían la columna de dirección en profundidad y altura, los apoyacabezas y hasta el espejo retrovisor central. Por si esto fuera poco, toda esta información podía ser guardada en 3 memorias.

En materia de equipamiento también deslumbraba en la época. La llave de tipo navaja hace 30 años no era algo frecuente y además contaba con comando a distancia y cierre confort. Había opcionales prácticamente de lo que uno se le pudiera ocurrir pero llama la atención el de las cubiertas con sistema CTS que permitían rodar aún desinfladas, algo así como lo que hoy conocemos como run flat.

En lo que a mecánica respecta, la gama comenzaba con un 6 cilindros de 3 litros y 190CV que era el mismo que equipaba a la clase E, seguido de un 24 válvulas de 231 CV que al igual que el V8 a su moderna técnica multivalvular sumaba el árbol de levas de admisión variable eléctricamente que le permitía ganar torque y potencia. El 500SL con su V8 de 5 litros entregaba 326CV. Así comenzaba la primera serie R129 que luego incorporaría más motorizaciones, incluso el 600SL V12.

AMG no se quedó con las ganas de trabajar en este descapotable lanzando cuatro versiones, siendo el SL73 AMG el más exclusivo con más de 500CV extraídos del V12 llevado a 7.3 litros.

Hoy a 30 años de su lanzamiento aflora una nueva virtud de esta generación SL ya que nunca pasó por la etapa de ser un auto viejo y mutó sin escales de moderno futurista a clásico.

Rodar 30 años después

El ejemplar que ilustra esta nota es ideal para sentir exactamente cómo era este auto en su época ya que se conserva totalmente original y con solo 15.000 millas de uso. Con solo ver la caja de acrílico en la que se entregaban las llaves ya se percibe lujo y cuidado por los detalles, al oprimir el mando a distancia se enciende una pequeña luz bajo la manija de puerta que nos indica que ha sido identificado satisfactoriamente y que la alarma está siendo desconectada. Las trabas no hacen prácticamente ningún ruido y el tacto al abrir la puerta nos transmite solidez.

Hay aroma a Mercedes Benz, a cuero, madera y buenos materiales. La contrapuerta cuenta con un porta mapas integrado con tapa y la retroilominación de absolutamente todo recuerda  más a un avión que a un auto. En cada detalle se percibe que el presupuesto no fue limitante para crear este automóvil.

Primero decidimos rodar con el hard topcolocado. Increíble ausencia de ruidos del exterior, o mecánicos pero tampoco se siente crujir el elemento que no es otra cosa que una pieza adosada y que sería normal que emita quejas en el empedrado. Claro, al ver como el sistema eléctrico lo succiona hacia la carrocería y con solo apretar un botón, queda claro que nada tiene que ver con el techo con 4 turcas de la versión anterior.

Sorprendente confort de marcha, en realidad rueda más parecido a un sedán de lujo que un roadster, sin embargo al acelerar la sensación se hace presente y sorprendentemente no se inclina en exceso en las curvas a pesar de no contar con la suspensión neumática adaptativa que estaba disponible a deseo. Suave pero firme aunque parezca una contradicción. Contamos con el opcional del audio BOSE y cargador de CD´s en el baúl lo que hace aun más agradable el viaje. Se nota que no es un auto sport de corta distancia sino un auto que permite encarar largos periplos sin agotar.

Sus líneas aun hoy roban miradas en la calle y son tema de conversación en la estación de servicio. Con el tanque lleno decidimos quitar el hard top para disfrutar una tarde con clima ideal y salir en busca de una bella puesta de sol para las fotos. Al levantar el techo rígido lo noto mucho más liviano que el del anterior modelo, efectivamente ahora es de aluminio y pesa 7 kilos menos, se agradece.

La capota se pone y quita de manera muy rápida, tal vez menos de 30 segundos lo que le da cierta versatilidad. No logramos una opinión unánime en cuanto a si es más lindo abierto, con o sin la barra o cerrado con capota o con techo rígido. Evidentemente fue pensado en todas sus configuraciones para agradar. Esta es la diferencia entre un auto fue concebido roadster a otro que luego le quitaron el techo.

Claro que si se busca deportividad extrema, este no sería el auto indicado. La caja automática de 5 velocidades es muy suave y cuenta con dos programas de conducción, la climatización, la posición de manejo, la terminación, el tacto de cada comando, la fácil lectura del tablero, la insonorización y el confort de marcha hacen que sea una tarea muy difícil encontrarle defectos a esta pieza maestra.

Haber tenido el placer de revivir lo que transmitía el R129 en su época, para los que disfrutamos de los autos es un privilegio y puedo asegurar que aun hoy habiendo pasado 30 años, no deja de sorprender y generar placer a quien lo conduce.

Fotos: Martín Lubel.

Diego Porciello

Diego Porciello

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